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British Sea Power – Do You Like Rock Music?

marzo 28, 2008

Todavía es hoy el día en que no me he sacado de la cabeza “Open Season” (Rough Trade, 2005). Se ha convertido en uno de esos discos a los que tengo un cariño especial y al que recurro cuando voy de viaje a algún sitio que no conozco, o me espera un ineludible compromiso que me genera desasosiego. Con su segundo disco, British Sea Power no alcanzaron el cénit de la fama a pesar de dotar a sus canciones de una producción suave, de una agónica melancolía y de una sorprendente fluidez que, en casos similares al mío, llegó para quedarse. Las tres canciones que lo abren, “It Ended On An Oily Stage“, “Be Gone” y “How Will I Ever Find My Way Home?” conforman una de mis aperturas de disco preferidas.

Pero ya habían dejado pegada en 2003 con “The Decline of British Sea Power”, que es, hasta ahora, el disco con el que más satisfechos se han mostrado crítica y público. Hasta cierto punto es lógico; en él nos encontramos uno de los mejores subidones adrenalínicos del indie rock del nuevo siglo, “Remember Me“, y también apuntaban su vocación crepuscular con “Carrion“. Sin embargo, entre ambos discos se aprecia una evolución desde un post-punk más punzante hacia un pop domesticado. A unos les gustó (por ejemplo, al firmante), mientras que otros se quedaron con ganas de que el cuarteto de Brighton sacase su vena más visceral.

Por eso, el nuevo giro que dan con su tercer álbum, “Do You Like Rock Music?”, podría terminar mareándonos. Tres discos y tres formas de presentarnos sus canciones es algo difícil de digerir, pero es un esfuerzo encomiable en el sentido de que renuncian a acomodarse y siguen escarbando en su propio sonido. Quizá por ello, una de las diferencias es que el peso de la composición ha recaído en el otro de los hermanos Wilkinson, Neil (bajo y voz), que sólo ha dejado tres canciones a Scott (voz y guitarra). Luego están sus excentricidades, como grabar en un antiguo fuerte británico, Fort Tregantle, o viajar a estudios en la República Checa y Canadá, donde recurrieron a ingenieros con nombre conocido, como Howard Bilerman (Arcade Fire), Efrim Menuck (Godspeed You! Black Emperor, A Silver Mt. Zion) y Graham Sutton (Bark Psychosis), encargándose este último de la producción. Y lo que, a priori, se antoja un trabajo poco propenso al patinazo, termina convirtiéndose en la explosión de British Sea Power, para bien o para mal.

“Do You Like Rock Music?” es un disco tremendamente ambicioso que, desde el primer momento, avisa de que su intención es la de convertirse en un caballo ganador. Para ello, apuestan sobre seguro y dirigen sin disimulo sus miradas hacia Arcade Fire. Así, ya en el mantra inicial de “All In It”, comienzan a hacer suya la fórmula de los canadienses: órgano de iglesia, épica por un tubo y un reverb de gigantescas proporciones que alcanzará su cota máxima en “Waving Flags“. En ella se proponen hacer su particular “No Cars Go”, aunque la agonía de la susurrante voz de Scott Wilkinson se ahoga en la obesidad de coros y teclados, y en las guitarras huracanadas. Al lado de tan ostentoso “himno”, “No Lucifer” o “Atom” parecerían contenidas, pero no lo son. Si en su segundo disco trataban de hacer fluir su desazón hacia un pop de apariencia tranquila y algo menos ostentosa, ahora intentan, sin sutileza, dar a su sonido una grandiosidad que les reporte buenos réditos en los grandes escenarios. También afilan sus guitarras en la dirección indie-rock de su primer disco: “Lights Out for Darkier Skies”, “A Trip Out” y “Down on the Ground” pretenden hacer honor al título del álbum, aunque la primera se alarga (¿innecesariamente?) hasta los seis minutos y medio con la intención de deleitarse y hacerla estallar en un pomposo y rimbombante final, un tanto artificial. Son frecuentes estos crescendos, que los acercan incluso a Editors en “Canvey Island”.

La segunda parte del disco, si exceptuamos la anfetamínica y visceral “Atom” (que estiran como un chicle hasta más allá de los cinco minutos y medio), es más contenida y modesta, pero deja también momentos chocantes en forma de la instrumental “The Great Skua”, que en clave de post-rock (¿Efrim, estás ahí?) parece homenajear a Explosions in the Sky, y “We Close Our Eyes”, en la que agarran una especie ruido blanco y juguetean durante tres minutos hasta que se acuerdan de enchufar el teclado de iglesia para repetir “All in It” cual feligreses celebrando la Pascua. Parecen querer decirnos que todo eso es “Rock Music”, pero se muestran irregulares en este juego del despiste y, en demasiadas ocasiones, pretenciosos y ansiosos, buscando con urgencia un atajo a través del fangoso sendero de una oscura ciénaga. Si consiguen llegar al otro lado, siempre podemos montar una porra para adivinar hacia dónde derivará el cuarto álbum.